Imagínate: estás cerca del paraíso, saboreando un yogur de tu sabor favorito cuando caes de nuevo a la injusta tierra al ver que hay una pequeña cantidad del lácteo en los ángulos entre el fondo del vaso y sus paredes. Ahí no pueden llegar tu cuchara ni tus dedos, así que clamas al cielo gritando por lo injusto de tu destino.
Se que no es muy protocolario, pero me encanta comerme los yogures sin cuchara, a lametón directo. Aunque se extiende a cualquier postre que vaya en los típicos envases de los yogures. Pero no siempre se puede repelar el fondo y suelo estrujar el envase para absolverlo entero.





