Al dolor por la pérdida de un ser querido y a la tensa espera del cadáver mientras le practican la autopsia, los hijos de un vecino de Alzira tuvieron que añadirle la incertidumbre y la rabia al comprobar que el cuerpo que había llegado al tanatorio alcireño procedente del Instituto de Medicina Legal de Valencia no era el de su padre, a pesar de que llevaba una etiqueta identificativa con el nombre del fallecido que esperaban.
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