El manuscrito del Quijote era un galimatías. Lo ordenó alguien, probablemente un copista, y en nuestro tiempo el responsable del último orden es Francisco Rico, editor de la obra de Miguel de Cervantes.
"Cervantes no ponía ni puntos ni comas, ni por casualidad. Lo ponían los editores antiguos..."
"En lo menudo está el deber moral y social del filólogo a la hora de restituir el texto del autor"





