A ningún Griego ni a ningún Romano, se le ocurriría jamas acometer alguna empresa, sea cual fuera, sin antes consultar a los dioses, si estos le iban a ser propicios. Es decir, querían saber que les iba a deparar el destino (como todos). Por eso, adivinos, augures, oráculos, etc, hicieron su agosto en la antiguedad clásica.









