Colin Chapman siempre tuvo clara cual es la cualidad principal que debía tener un automóvil deportivo, lo fundamental era reducir el peso al mínimo. De esta forma no hacía falta un gran motor para conseguir un elevado nivel de prestaciones. Esta filosofía podría resumirse en la siguiente frase: Si aumentas la potencia irás más rápido en las rectas, si disminuyes el peso irás más rápido en todas partes. El Lotus Seven sigue este razonamiento a rajatabla. Sencillo, barato y ligero, es capaz de proporcionar unas prestaciones realmente insospechadas. La idea no debe ser mala si cincuenta años más tarde el mismo diseño sigue produciéndose con notable éxito.
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