Cuatro pollos de halcón peregrino de unos 20 días, con el característico pelaje blanco, contemplaron despavoridos cómo tres personas con guantes subían ayer por una de las torres de la catedral barcelonesa de la Sagrada Família, llegaban hasta su caja-nido, los asían con cuidado y les colocaban en la pata una pequeña anilla que servirá para identificarlos en los próximos años.
Ni los más modernos Boeing ni las más bellas azafatas. Los reyes de la pista del aeropuerto de Murcia-San Javier son diez majestuosos halcones que espantan a las aves que pasean por el aeródromo para que los aviones puedan despegar y aterrizar sin que el piloto tenga que prestar atención en esquivar alguna gaviota o paloma.









