Mientras que el gran público piensa que el riesgo de sufrir una guerra nuclear es cosa de la Guerra Fría, o sea, casi el Paleolítico para esta acelerada sociedad en la que vivimos cuyo máximo periodo de atención no supera los cinco minutos, lo cierto es que todavía hay suficientes cabezas nucleares para arrasar varias veces nuestra delicada civilización.





